¿Que hacer? No es fácil decidirse cuando se tiene solo 16 años. ¿Que carrera escoger? No tengo deseos de estudiar. Nada me importa. Subo al terraplén, aquí estoy solo, me recuesto al tronco de la mata de plátano. Las horas pasan y yo no se que hacer con mi vida: "ojalá te coja el servicio para que te espa¬biles" decía mi abuelo . ¡Esa música! ¿Por que pondrán la música tan alta? ¿Por que me llega así? Me siento solo no se que hacer. Me va mal en la escuela. Siento que mi vida fracasa.
Desde esta loma puedo ver el mar; Casablanca es un puerto. Me gusta ver los barcos entrar a la bahía. El viento sopla y mece las hojas de plátano; a veces la sombra se retira y siento el sol golpearme la cara. Cuanta luz desplegada por todo el terraplén. Aquí donde fui Tarzán y salte de árbol en árbol; donde galope sobre un caballo de madera, donde pase mi niñez; mi niñez... Mi vista busca el mar. ¿Por que tiene ella que estar ahí tapándome el mar? Ella tiende la ropa en la azotea. Mis ojos recorren la distancia buscando el mar. Ella se mueve de un lado para otro; el viento sopla sobre su pelo y llega hasta mi y me despeina. ¿Por que no bajan esa música? La música esta suspendida sobre el aire empapándolo de un fino aroma. Ella esta ahí entre el mar y yo, quebrando el espacio con su figura, aplacando la furia del vien¬to. Ella es un obstáculo insalvable; mi mirada rebelde la sigue por toda la azotea, atrás como un fondo azul se confunde el cielo con el mar. Un barco solitario lanza un silbido desgarrador. ¡Que música tan bella ponen hoy por la radio! Contemplo la mata de ciruelas: esta floreciendo, como no me di cuenta; todo a mi alrededor florece. El barco solitario suelta el ancla; desciende lentamente para hundirse en las aguas, hasta llegar a lo mas hondo de su azul. Yo contemplo al mundo desde lo alto de mi terraplén. Este es mi observatorio, aquí luche de niño contra los piratas que querían saquear la ciudad. Aquí yo era invencible. Ahora no existen los piratas; solo obligaciones. Se que me están esperando para que realice algún mandado: anteayer olvide el vuel¬to, ayer vire un cartucho con azúcar. "No sirves para nada". Pero yo no escucho los regaños. Todos se quejan de mi. Debo ser un fracaso. No quiero ir más a la escuela. Solo quiero estar aquí, no pido nada más.
La distancia ya no existe; la siento respirar; escucho perfectamente sus suspiros; respiro el aroma de su piel confundido con el salitre del mar; la veo flotar; la siento tan sola, tan desorientada como yo. ¿Que es esto que estoy sintiendo?.
Y así fue como la ame, en silencio; como aman los solita¬rios. Mi distracción aumento, los regaños me llovían. Caminaba dentro de la casa como un zombi con la vista fija en su balcón. Llegaba tarde a la escuela esperando verla antes de partir. Y regresaba con la ilusión de encontrarla en la calle. Me pasaba los horas viéndola mecerse en su sillón; parecía viajar a otros mundos; era un ser triste y solitario como yo; éramos dos almas
gemelas; éramos...
Llego la hora de partir, se cumplía el vaticinio de mi abuelo. Temblaba de miedo, temía perderla. Esa noche no dormí. Yo no sabia cual era mi destino; ignoraba entonces que para mi no había regreso; quien podía saber que todo seria pasado, un pasado sin revancha; no hubo despedida. Partí solo, silencioso; con aquella risa desgarradora zumbándome en los oídos.
Que difícil es hablarle de amor a la mujer que se ama; que difícil es decir lo que uno siente. No supe... Fue una noche como otra cualquiera, igual a todas las noches del mundo; con estre¬llas; con una luna; nada especial, nada importante. Solo que para alguien esa noche significaba mucho; era la gran interrogante, y termino en un monótono, insomne y perenne: ¿Por que?... Así hasta el amanecer: ¿Por que?
El día amaneció nublado, soplaba un viento frío. No había nadie en el balcón, su puerta estaba cerrada; se que no hay ningún barco en el puerto, no me hace falta mirar al mar. Partí, atrás quedaba ella, mi pueblo, mis esperanzas.
Solo 16 años y condenado a vivir durante 3 años en destie¬rro; vestido de militar, recibiendo ordenes y mas ordenes. ¿A quien podía importarle? Marchaba dentro del pelotón con el amor pudriéndoseme dentro del cuerpo. Aprendí a olvidar; de nada sirve acostarse bajo un árbol para morir de frío; no tiene sentido aullar como un lobo cuando hay luna llena; solo hay que esperar. Llego el invierno; yo sigo recorriendo meses fríos; esperando el pase que no llega; soñando con aquel regreso imposible.
Llego el anhelado pase: regresar nuevamente a mi puerto; encontrarme con ella; con ella.
Llegué cuando todos en el pueblo dormían, recorrí las calles como una sombra; era un alma errante en busca de su hogar. Llame a la puerta de mi casa, pero nadie me abrió; la ventana estaba entre abierta, me acerque y la empuje: no había nada, ni un solo mueble; estaba vacía por dentro: abandonada.
La distancia ya no existe; la siento respirar; escucho perfectamente sus suspiros; respiro el aroma de su piel confundido con el salitre del mar; la veo flotar; la siento tan sola, tan desorientada como yo. ¿Que es esto que estoy sintiendo?.
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Un amor de adolescencia. Quizás el más intenso.
Qué triste, melancólica y a la vez sugestiva narración.
Es un texto muy bello
Saludos