He llevado tanto tiempo encerrado, jugando con las computadoras, hablando ante un auditorio vacío, compuesto por imágenes tridimensionales; simulando viajes a través de los holovideos; acostándome con bellas seximuñes, todas iguales, con esa misma cara, siempre tan perfecta, y esos ojos inexpresivos ya sean verdes, azules o violetas. Siempre lo mismo, lo mismo; día tras día. Pero hoy, hoy he sentido deseos de salir... salir... ¿Salir afuera? Temblé de tan sólo pensarlo. Salir afuera... Salir... No podría. ¿Por qué no?... ¿Salir allá afuera?... Enfrentarme a esos seres enfermos. A esos envidiosos. La última vez que salí me contagiaron con un nuevo tic nervioso. Observé el vaivén de mi mano. La humanidad está enferma. No hay porqué salir. Aquí dentro estoy seguro, no me falta nada. ¿Por qué arriesgarme? Hace años que no salgo a la calle, encerrado en esta casa automatizada, segura. ¿Y si saliera? Sentí miedo, y esto hace que se me acentúe más el parpadeo del ojo izquierdo, mientras las cejas se me arquean periódicamente. Pero esto no es todo, a veces se sucede una pausa y entonces comienzan los tirones de la cabeza hacia el lado derecho, mientras el hombro se alza bruscamente y golpea sobre la mandíbula empujándola, provocando que el cuello se retuerza hacia la izquierda y por si fuera poco todo esto va acompañado de una horrible torsión del labio inferior dándome un aspecto estúpido. Soy un ser nervioso, acomplejado. En esto me han convertido. ¡Humanidad no sabes como te odio!