Mientras regresaba a mi casa se me ocurrió una idea: ¡vengarme de todos! Sin dudas yo tenía todos los tics nerviosos habidos y por haber, que podía temer yo, el ser más acomplejado del mundo. Pero ellos también son vulnerables. ¡Humanidad: ahora es mi turno! Los contagiaré, los voy a ir traumatizando uno a uno. No tendré paz con nadie: mujeres, niños, todos sufrirán mi venganza. Ya que no puede ser un ser normal, tampoco ellos lo serán.

Así comenzó mi venganza, me pasaba la vida persiguiendo infelices: hombres tímidos, mujeres inseguras... todos, a todos los fui contagiando.

Hoy hace un día nublado, todo indica que va a llover. Camino por las calles desiertas de este día gris; como siempre buscando a alguien, con una sola idea: ¡contagiarlo! Fue entonces cuando lo vi. Él estaba allí sentado en el muro. Observé su rostro demacrado: ¡una víctima! pensé . Me senté a su lado: el pobre, no sabe lo que le espera.

¿Le pa pasa al go a a migo? el hombre me cogió del brazo desesperado.

Gracias, gracias que usted ha venido, es horrible lo que me sucede.

Me dispuse tranquilamente a esperar que me contara su problemita, que podía decirme este infeliz que no tuviera yo, y después que se prepare.

¿Que le su susu cede?

Usted no sabe lo terrible de mi situación, este maldito trauma.

¿Qué trauma? pensé yo si ni siquiera pestañea.

Hace años que lo tengo continuó él usted no sabe lo que es querer irse y no poder, sentir que sus miembros no le obedecen, que no le pertenecen. ¡Que esta muerto! ¡Muerto en vida!

Por primera vez lo observé detenidamente, no vi en él nada que pudiera preocuparme. Sin embargo, el corazón comenzó a latirme apresuradamente.

Ahora mismo aquí donde usted me ve, no puedo ponerme de pie, llevo cinco horas aquí sentado; me siento entumecido, adolorido y pronto comenzará a llover. ¡Es terrible! Ayer fui a comer a un restauran y cuando terminé no podía levantarme, pasaban las horas, hasta que me echaron, llegue a mi casa a rastras. Otras veces he tenido que pedir auxilio, porque no puedo caminar. Transcurrido un tiempo, se me quita y puedo marcharme, pero me dura horas. Por más que intento ponerme de pie no puedo, no soy dueño de mis movimientos. Yo quiero levantarme, pero no me levanto, tengo que esperar o dar gritos como un loco. Esto es horrible.

De pronto como impulsado por un resorte el hombre se puso de pie.

Al fin, al fin. Gracias amigo, usted me ha ayudado.

El hombre me dio su mano agradecido y se alejó.

Sólo esto me faltaba en vez de contagiarlo, lo había ayudado, ¿y su trauma?... es la primera vez que lo oigo... bueno en fin... parece que va a llover así que debo marcharme, bueno... para qué apurarme, aquí estoy cómodo; además yo no tengo prisa, cuando empiece a llover me levanto y me voy. Caramba, ya empezó a llover, debo levantarme, pero... total esta lloviendo finito, yo no tengo apuro. Está apretando; sí, lo mejor que hago es ponerme de pie; sí, claro voy a ponerme de pie. ¡Voy a levantarme!... ¡Oh, no!... ¡No puede ser!...¡Quiero levantarme!

Caía un aguacero torrencial, estaba completamente mojado, intenté gritar pero la voz no me salía. ¡Estaba solo, abandonado a merced de mis nervios!